
Es innato, es algo de cada ser sensible, es la posibilidad de un mal destino, es reconocer que las cosas pueden salir mal, es un sentimiento que nos invade de repente, en menos tiempo del que podemos usar para defendernos de él.... es algo que nos domina.
El miedo, aquel escalofrío, nerviosismo y adrenalina que se complementan con la casi indescriptible sensación de perder el seso y convertirse en marionetas, puede ser otra ficción del ser humano, un legado de Hollywood, representado por las imágenes de Hannibal, Fredy Krueger, Damián, Ghostface, profesora de Química o Álvaro Uribe Vélez.
Las películas de terror, que para todo niño fueron un desafío a la valentía y un orgullo frente a los amigos, tristemente crearon en nuestras mentes referentes oscuros y aterradores de la palabra 'miedo'. A tal punto, de ser hoy tan comunes términos como espíritu, alma, zombie, muerto, muerto viviente y otros tipos de incoherencias.
Pero el miedo, más alla de verse representado en un grito desgarrado de una garganta femenina, se representa en las acciones instintivas que acuden a los reflejos del ser humano. Lo que varían son las causas que producen la segregación del miedo en una velocidad récord: Podemos aterrorizarnos por la oscuridad, por un grito, por una sombra (legado de Hollywood), y reaccionar con otro grito, con llanto, con angustia, o corriendo (una acción instintiva). El miedo tambíen se asocia con el desconocer, con el ingnorar el futuro. Porque de esta falta de conocimiento se origina la incertidumbre, y de ésta se originan las acciones desmedidas y no premeditadas, nos convertimos en marionetas.
Es por eso que es más hombre el miedo que no le teme al miedo, que el hombre con miedo al miedo. El ser que pierde aquella confianza y valentía, para entregarse al miedo, se priva del gozo del ser humano: el ser dueños de nuestros actos. Para pasar a ser una víctima más de la manipulación. Gracias al poder del miedo y a nuestra débil capacidad de auto-control, el mundo es lo que es ahora.