
Cuando una persona me pregunta por la situación política de Colombia, pienso en que responder es un problema. Luego empiezo a pensar y me doy cuenta de que el problema no es solo político, ni social, ni económico... es personal. La actitud que tenía esa persona era de inquietud, de curiosidad ante las cosas que pasaban frente a ella y que tal vez no entendía o no conocía a fondo. No me preocupa que ignorara, me satisface que preguntara, porque si todos asumiéramos la misma actitud, el "problema" de Colombia ya iría depurando todavía más.
Uribe es un personaje, su paso por este país no podía pasar inadvertido y sus actitudes están creando explosiones aquí. La última (todo el mundo lo sabe) es la de Ingrid. La de el golazo perfecto, más que perfecto para alguien que poco antes del pito, supo empatar. Y cuando los medios hacen el papel del árbitro comprado, pa' qué más... ya todo está ganado.
Por estos días cuando parece contradictorio y hasta herético decir que a pesar de todo Uribe no debe ser reelegido, huele a dictadura en Colombia y como dijo Simón Bolívar el 15 de febrero de 1819: "Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder". Cuando la oposición no se conforma con agachar la cabeza y decir "gracias presidente, ha jugado usted muy bien", cuando lo más triste es que así es y que no hay nada que hacer, cuando se puede desconfiar de las cifras; no se puede confundir entre un buen presidente y uno bueno. Uribe es un buen presidente... pero es malo.
























