Fragmento de 'La insoportable levedad del ser' de Milan Kundera.
"El hombre nunca puede saber que debe querer, porque vive solo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores. No existe posibilidad alguna de comprobar cual de las decisiones es la mejor, porque no existe comparación alguna.
El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo. Pero que valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es ya la vida misma?
Por eso la vida parece un boceto. Pero ni un boceto es la palabra precisa, porque un boceto es siempre un borrador de algo, la preparación para un cuadro, mientras que el boceto que es nuestra vida es un boceto para nada, un borrador sin cuadro.
...Lo que sólo ocurre una vez es como si no ocurriera nunca. Si el hombre sólo puede vivir una vida es como si no viviera en absoluto."
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La vida es una casualidad de la naturaleza. Nunca hubo una fuerza deifica que nos impusiera un destino ni reciclara nuestras almas. Morir es lo de menos, al fin y al cabo para eso nos preparamos: para morir tranquilos y satisfechos de haber participado en el curso de la humanidad, tal vez más o menos, pero hacerlo, y bien.
El hombre tiene una urgente necesidad de certidumbre. El miedo que nos da tomar una decisión se da por la inestabilidad del futuro, por eso es que no hay más futuro que el que el presente nos permite predecir, no hay destinos ni almas con destinos, solo seres autónomos que ignoran el poder que les da su autonomía, entonces refugian su temor al futuro en Dios y carecen del arrojo que implica tomar una decisión.
Desafortunadamente ningún ser humano partícipe en el boceto de ese cuadro perfecto, esa obra de arte máxima, va a poder ver en la realidad el producto de su trabajo, pero no se trata de esperar la muerte, sino de prolongarla y recibirla cuando llegue.
Eso es vivir para morir, nada más.
martes 3 de febrero de 2009
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