"Por muchos años se ha expresado preocupación por la fragilidad de la democracia y sus instituciones en Colombia. Un déficit de cultura política de la dirigencia y de la sociedad; poderes de facto (militares y económicos, legales e ilegales); debilidad de la presencia estatal; entre otros, han sido causantes de esta preocupación. Los hechos desmienten la formalidad de la democracia en nuestro país.La letra de la democracia; su diseño teórico; más con la arquitectura de la constitución del 91, nos dieron la fama de tener uno de los modelos democráticos más estables y amplios de América Latina. Ahora, a los hechos que desmienten las bondades de la formalidad democrática de Colombia, hay que agregarle el desmoronamiento gradual y progresivo de las propias formalidades, de cuenta del “querer de las mayorías”, del apoyo que la “opinión pública” brinda al embrujo autoritario.
Una sencilla idea de lo que es democracia política nos habla de al menos tres condiciones: a) gobierno de las mayorías y garantías para las minorías, b) límites al ejercicio del poder, y c) respeto a las reglas de juego preestablecidas. La democracia es mucho más; pero quedémonos ahora con esta simplificación.
En nuestro caso, no se respeta siquiera esta simplificación. De cuenta de un amplísimo respaldo a la mano dura contra la guerrilla de “LAFAR”, el país vive desde el 2002 en una especie de dictadura de la “opinión”. Gobierna la popularidad, los resultados de las encuestas y los sondeos. En nombre de las mayorías se aplasta a las minorías, la autoridad o sus amigos corre los límites de la ley a su acomodo y la regla que estorbe se modifica. Una, dos y todas las veces que sea necesario. Y si no hay los votos suficientes, se compran; para eso hay notarías y burocracia.
Contra el terrorismo y la insensatez de una insurgencia armada que se entremezcla con el narcotráfico, vale todo. Amparados en el respaldo de opinión: se secuestra en Venezuela para que Granda aparezca capturado en Cucuta; se bombardea hacia el otro lado de la frontera para dar de baja a Reyes; se suplanta a Telesur y se utilizan los emblemas de la Cruz Roja Internacional.
Como hay que dar periódicamente más partes de victoria, se expiden memorandos que establecen incentivos que, por riesgosos, derivan en corrupción o en lo que se conoce como falsos positivos: petardos que explotan y otros que se desactivan en los que terminan implicados militares activos; ejecuciones extrajudiciales (más de 1200 procesos) con las que se fabrican falsos combates y bajas enemigas. Todo para cobrar estímulos y disfrutar descansos remunerados.
La autoridad no conoce límites o los corre a su conveniencia: como por arte de magia, mandos medios del servicio de inteligencia expiden ilegales órdenes de seguimiento a los opositores; se expían sin orden judicial las comunicaciones de periodistas, políticos e intelectuales; el palacio presidencial termina siendo el sitio de encuentro de delincuentes y funcionarios que conspiran contra las altas cortes; allegados y familiares del ejecutivo terminan desempeñándose como piezas claves de la estrategia de paramilitares y narcotraficantes que han capturado el Estado.
A la denuncia, el disenso, la deliberación pública y el control político, el discurso oficial le da la connotación de estrategia de la subversión contra la seguridad del Estado; y eso que no se reconoce la situación de conflicto armado interno.
Las normas que establecen las reglas de juego, si estorban, se cambian y a cualquier precio: para modificar el articulito que permitió la reelección inmediata, Yidis y Teodolindo nos han enseñado, qué buenas son Notarías para completar mayorías; Luis Guillermo Giraldo, expresidente del partido de la U y sus amigos del referendo reeleccionista tienen los datos de los verdaderos costos de la recolección de firmas y los trucos contables que hay que hacer para ocultar el fraude e intentar engañar a la autoridad electoral; los voceros de las mayorías de opinión, a cambio de algunos ajustes burocráticos, remiendan en el Congreso el texto imperfecto de los firmantes del referendo. Con razón Gina Parodí, al apartarse del oficialismo señaló que el consejo del presidente, que no se llevaba era “hay que aprovechar que voten los congresistas mientras no estén en la cárcel”.
Estamos ante un S.O.S. por la democracia en Colombia. Es inminente el establecimiento de la reelección indefinida y la completa captura de todos los poderes del Estado por parte del Ejecutivo. Estamos a punto de pasar de la dictadura de la “opinión” a la dictadura del mesianismo. Esa sí que es una hecatombe.
Por eso, no es hora de muchos condicionamientos para facilitar la unificación de todos los que, desde cualquier orilla ideológica, defendemos la institucionalidad democrática a secas."
Germán Toro Zuluaga
Constituyente de 1991
Abril, 25 de 2009
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¿Qué tan democrática es la reelección?




